Imagenes de preferencias sexuales

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Un amplio estudio de imágenes cerebrales en el que han participado investigadores del Karolinska Institutet demuestra que existen diferencias en el cerebro relacionadas con el comportamiento sexual del mismo sexo. Los patrones cerebrales que diferencian entre hombres y mujeres eran menos pronunciados en los individuos no heterosexuales, y algunas de las diferencias cerebrales podrían estar relacionadas con una predisposición genética a la no heterosexualidad. El estudio se publica en la revista científica Human Brain Mapping.

Los investigadores analizaron las imágenes de resonancia magnética (IRM) y los datos genéticos de más de 18.000 individuos del Biobanco del Reino Unido. Demostraron que ciertas estructuras cerebrales de hombres y mujeres no heterosexuales, según los informes de comportamiento sexual del mismo sexo, se desplazaban hacia el del sexo opuesto, lo que se denomina desplazamiento entre sexos. Estas diferencias se produjeron principalmente en áreas cerebrales que intervienen en el procesamiento de la información sensorial (incluida la visual).

Investigaciones anteriores, incluido un estudio publicado en la revista Science en 2019, han demostrado que el comportamiento sexual del mismo sexo está influenciado no por uno sino por muchos genes. Pero incluso cuando se toman en conjunto estas variantes genéticas explicaron solo hasta el 25 por ciento de la variación en el comportamiento sexual del mismo sexo masculino y femenino, lo que sugiere que la sexualidad humana está influenciada por una compleja mezcla de factores genéticos y ambientales.

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Con este marco conceptual, se pueden proponer muchas manifestaciones de excitación sexual -definida como la disposición física o psicológica para realizar una conducta sexual (Stoléru et al., 2012; Costumero et al., 2013)-: desde el deseo o la atracción sexual vaga e intangible hasta la respuesta genital observable y fisiológica. Clásicamente, esta ambigüedad se superaba en la investigación sobre sexualidad midiendo simultáneamente la experiencia sexual subjetiva (autoinforme) y utilizando técnicas de fotopletismografía peneana o vaginal (Freund, 1963; Rieger et al., 2015). Ambos métodos fueron criticados por las graves limitaciones que imponen a la investigación. Mientras que las medidas de autoinforme de la conducta sexual se consideraban con frecuencia poco fiables y propensas a la inexactitud y el engaño (Lewontin, 2000), las mediciones de la respuesta periférica, como la fotopletismografía, se consideraban relativamente intrusivas y en gran medida ineficaces (Ponseti et al., 2009).

La investigación sobre la excitación sexual se centró en gran medida en los participantes masculinos, lo que es especialmente evidente en el ámbito neurocientífico (Stoléru et al., 2012; Sylva et al., 2013). Se han hecho relativamente pocos intentos de comparar a los participantes femeninos y masculinos mediante neuroimagen y los resultados han sido bastante ambiguos (Gizewski et al., 2006; Sylva et al., 2013). Aunque hay pruebas de que los patrones de activación neuronal en hombres y mujeres son similares, se demostró que existen diferencias en la intensidad de la respuesta neuronal. En particular, las mujeres revelaron una activación relativamente menor en algunas regiones cerebrales implicadas en la excitación sexual, como la amígdala y el hipotálamo (Karama et al., 2002; Hamann et al., 2004).

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La sexualidad y la orientación sexual tienen que ver con la persona que se siente atraída física y emocionalmente. Puede tratarse de una atracción romántica o emocional, o de ambas. A medida que los niños y los jóvenes crecen, es natural que desarrollen y expresen su sexualidad de forma saludable. Por ejemplo, los adolescentes de más edad pueden empezar a salir o a tener relaciones, mientras que los niños más pequeños pueden mostrar curiosidad por el sexo o por los cambios que se producen durante la pubertad. Muchos jóvenes también se sienten inseguros sobre su sexualidad o sobre quién les atrae, o descubren que su sexualidad cambia con el tiempo. Hay muchos tipos diferentes de sexualidad u orientación sexual, y los jóvenes pueden utilizar diferentes términos para describir cómo se sienten. LGBTQ+ son las siglas de lesbiana, gay, bisexual, transexual, queer o questioning, entre otras. Aunque la gente suele confundirlos, es importante recordar que la identidad de género es diferente de la sexualidad.

Salir del armario es cuando un niño o joven cuenta a otras personas su sexualidad u orientación sexual. Los jóvenes pueden sentirse cómodos haciendo esto de diferentes maneras y a diferentes edades. Los jóvenes LBGTQ+ que deciden salir del armario suelen tener que hacerlo varias veces con diferentes personas, lo que puede ser estresante para ellos.

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Durante la adolescencia, los cambios hormonales y físicos de la pubertad suelen hacer que las personas empiecen a notar un aumento de los sentimientos sexuales. Es común preguntarse y a veces preocuparse por los nuevos sentimientos sexuales.

Durante la adolescencia, las personas suelen tener pensamientos y atracciones sexuales. Para algunos, estos sentimientos y pensamientos pueden ser intensos y parecer confusos. Esto puede ser especialmente cierto para las personas que tienen pensamientos románticos o sexuales sobre alguien que es del mismo sexo que ellos. «¿Qué significa eso?», pueden pensar. «¿Soy gay?»

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Estar interesado en alguien del mismo sexo no significa necesariamente que una persona sea gay, al igual que estar interesado en alguien del sexo opuesto no significa que una persona sea heterosexual. Es habitual que los adolescentes se sientan atraídos o tengan pensamientos sexuales sobre personas del mismo sexo y del sexo opuesto. Es una forma de ordenar los sentimientos sexuales emergentes.

Algunas personas pueden ir más allá de sólo pensar en ello y experimentar con experiencias sexuales con personas de su propio sexo o del sexo opuesto. Estas experiencias, por sí mismas, no significan necesariamente que una persona sea gay o heterosexual.

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